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EL HAMBRE Y LOS MEDIOS A los que todos los meses leen este editorial, pido mil disculpas por la tardanza al publicarlo recién a mediados de mes. La razón es que el hartazgo de lo que nos está sucediendo en la República Argentina y el mundo me tienen muy consternado. Cuando me siento así, prefiero esperar unos días porque mis palabras podrían ofender el buen gusto y pudor de otra persona que no tiene por qué aguantarse mis berrinches. Me colmó el cinismo y la hipocresía de los medios de comunicación que cuando no tienen un tema que ocupe a la opinión pública, entonces se ocupan de los temas importantes. Esta semana diversos medios informativos daban la noticia de que 2 chicos fallecieron por desnutrición grave en la provincia de Tucumán. Pero nada dijeron acerca de los 97 chicos que mueren todos los días por hambre o falta de atención médica. Estos medios son los que montan circos mediáticos para distraer y desinformar a la población con el fin de mantener un sistema corrupto del que son parte. Sus acuerdos con diversos sectores de poder económico y político dan asco al que, por formación, estudio y espíritu crítico puede descorrer el velo de las mentiras. Los educadores, muchas veces, nos vemos atrapados en su programación basada en la estupidización y colonización mental formando seres no pensantes y consumidores de la peor basura mediática. Tan mal estamos que muchos comentan en los recreos partes de programas que deberíamos defenestrar. Es más, algunos hasta expresan que ven esa porquería porque “quieren desenchufarse de la realidad” ¿? Muy mal estamos los educadores con esta forma de proceder ¿en qué condiciones estamos de guiar a nuestros alumnos en la construcción de un espíritu crítico hacia los medios? Cuando desde esta columna realizamos autocríticas, se reciben varias comunicaciones por correo electrónico criticando sus líneas; a veces, de forma tan grosera que pensamos que lo escrito es sólo una décima parte de lo que se debería haber expresado. Los docentes no podemos seguir en este estado de aceptar lo inaceptable. Los docentes debemos rebelarnos ante este sistema y educar para la transformación, no para la adaptación. Pero si los docentes no lo tienen asumido y se dejan absorber por la mediatización de la formación mental para el consumo y la inacción, crecerán el hambre y la desolación en muchos estómagos y corazones. Por favor, dejemos de hacerles el juego, dejemos de estar a la defensiva y/o ser parte de la hipocresía… Tengamos una actitud rebelde, de defensa de los valores esenciales de una sociedad civilizada y pasemos a la acción verdadera, sincera y basada en el conocimiento científico. No hay otra forma de cambiar esta realidad ¿la quieren cambiar? Saludos. Federico Martín Maglio - noviembre 2002 |