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EL CAMBIO EDUCATIVO Y LA ESTUPIDEZ ARGENTINA Con la sanción y promulgación de la nueva Ley Provincial de Educación Nº 13.688 se cierra un proceso que, de continuar, hundirá a nuestro país en la más absoluta de las oscuridades. El proceso se inició cuando en 1991, el diario La Nación publica el plan de la Asociación de Bancos Privados de la República Argentina para la transformación educativa. Los lineamientos del mal llamado neoliberalismo eran muy claros. A partir de allí, en forma paralela, se dieron tres fenómenos:
Ahora, 2007, cuando ya nadie niega el rotundo, estrepitoso fracaso de la transformación educativa iniciada en 1991, asistimos a "discursos progresistas" de los mismos que nos llevaron al abismo. Los mismos que repetían como loros, los que ejecutaban decisiones tomadas detrás de un escritorio a partir de instrucciones dadas por tecnócratas en economía... Los mismos que denostaban a los críticos... Los ignorantes de siempre, ahora se despachan con alabanzas hacia las nuevas leyes (Nacional y de la provincia de Buenos Aires) sin proferir la más mínima referencia al desastre ocasionado por ellos mismos. Resulta que el zorro que se comió a las gallinas, ahora cuidará el gallinero. Caradurismo "made in Argentina" De otra forma no se puede tomar lo que está sucediendo amén de lo ya sucedido. Ni la más mínima autocrítica; ¿dar un paso al costado haciendo un "mea culpa"?, ¡ni pensarlo! Se pasan del Frente para la Victoria al Partido Justicialista y viceversa buscando algún puestito, alguna asesoría, algo que los mantenga "en la palestra" para salir en los diarios y así reivindicar -falsamente- su ego porque saben muy bien está en el subsuelo ya que son ignorantes, acomodaticios y malas personas. ¿Quién reivindicará a los docentes que sufrieron los aprietes durante tanto tiempo? ¿Quién reivindicará a los docentes que demostraron saber de educación diciendo punto por punto las consecuencias que ocasionarían tales políticas al sistema educativo? ¿No demostraron ya, con creces, que saben realmente sobre educación? Lo que sucede es que en este país gobierna la estupidez. Los ignorantes gobiernan y los ignorantes los votan. Los ignorantes toman decisiones. Los ignorantes asesoran. "El que sabe, sabe; y el que no sabe, es jefe", reza un antiguo refrán argentino. Estamos en año electoral. Ya nada nos puede sorprender. Pero las broncas crecen, la impotencia es atroz. Otro refrán expresa que "para ser feliz hay que ser ignorante", o "hacerse el boludo" como una vez expresara el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires Felipe Solá en el programa televisivo CQC. El proceso continúa Por más leyes que se sancionen y promulguen, por más campañas mediáticas que se hagan para apoyar lo que hacen desde los organismos de decisión, la situación de catástrofe en la educación no cambiará, no va a mejorar. Una ley no garantiza nada de por sí. Sólo establece pautas que pueden o no cumplirse. El problema está en si se implementa o no y en cómo y quiénes la implementan. Podríamos tener las mejores leyes de educación del mundo y de la historia de la humanidad, pero el problema está en el cómo y quiénes. Y si los que llevan adelante las políticas educativas son los mismos ¿qué nos puede hacer pensar que esta vez será diferente? Absolutamente nada. La política educativa, por sí misma, no podrá revertir los idearios sociales, las situaciones derivadas del modelo económico-social y de la situación cultural imperante. Para cambiar hacen falta varias políticas al mismo tiempo que trabajen sobre todos los frentes en forma coordinada. El proceso continúa porque no hay un proyecto nacional para cambiar el país. ¿Sin salida? Es un círculo vicioso. Los que deciden políticas tienen una red de acólitos y entenados ganados por diverso tipo de favores (punteros políticos) que, a su vez, hacen favores a los que le siguen en la pirámide y así todos se callan la boca, los votan, los apoyan y en los actos, los aplauden. Ahora nos dicen que estas leyes surgen de la consulta al pueblo. Caradurismo típicamente argentino, que hace oídos sordos a las críticas y llamados de atención acerca de la pésima implementación realizada en las consultas a docentes, padres y alumnos. Digitan la opinión pública para justificar lo que saben perfectamente que está mal. Miran para otro lado, total... ¿qué problema se van a hacer? Ellos tienen la sartén por el mango. Mientras tanto, la República se sumerge cada vez más en el barro. Reina la ignorancia, la idolatría a funcionarios que entregan subsidios "para la foto del diario" y la campaña de recolección de votos. Politiquería barata que en pleno siglo XXI sigue vigente en la República Argentina. El ciudadano no existe. Y mientras no exista, este sistema seguirá gozando de buena salud que atentan contra la de los que no ignoran estos temas y lo perjudiciales que son para la salud republicana. Federico Martín Maglio - 1º de agosto de 2007 |
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