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DIARIO CLARÍN, 30 DE DICIEMBRE DE 2001
EL TEMA DEL DOMINGO / LA
CRISIS DEL NUEVO GOBIERNO: DIA DE REUNIONES EN LA RESIDENCIA PRESIDENCIAL
Renunció el Gabinete y el PJ
debate ahora cómo enfrentar la crisis
Los ministros renunciaron a
raíz de la protesta del viernes. Apenas seis días después de haber asumido,
Rodríguez Saá analizó ayer una salida política y nuevas medidas económicas.
Y convocó para hoy a los gobernadores, en un intento de consensuar el nuevo
equipo de Gobierno.
Walter Curia. DE LA REDACCION DE
CLARIN.
Un comunicado de cinco puntos de la Presidencia de la
Nación difundido a media tarde parecía ayer escasa respuesta a la espiral de
incertidumbre en la que ingresó la crisis —política, económica, social, de
representatividad— en la República Argentina.
No cambió las cosas el mensaje del presidente interino Adolfo Rodríguez Saá,
a las 9 de la noche, igual de económico que el texto. Rodríguez Saá mostraba
a esa hora el estado de desgaste extremo al que todo parece expuesto hoy en la
Argentina. También un gobierno de siete días —dos de ellos feriados— que
buscó ocupar todos los cargos a los empujones y hoy los tiene todos vacantes.
El cacerolazo del viernes que se había llevado a Carlos Grosso —no parecía
el único objetivo— se llevó ayer al gobierno completo. Los ministros y
secretarios pusieron desde temprano sus renuncias a disposición del Presidente,
apenas acentuando la sensación anterior de vacío de poder.
En aquel texto escueto y en su mensaje de la noche en Olivos, Rodríguez Saá
convocó a los gobernadores del justicialismo para un encuentro, hoy, en el
complejo de Chapadmalal. La impresión de fuga es válida: la reunión estaba
pensada en un principio en la residencia de Olivos, pero la Policía no garantizó
la seguridad.
Economistas del PJ consultados por Clarín decían anoche que Rodríguez
Saá podría ofrecer a los gobernadores armar un gobierno detrás de un plan
destinado a consolidar el 1 a 1 y la convertibilidad con un fuerte ajuste
fiscal, de tres mil millones de dólares, para ir a discutir luego las
condiciones de default con el Fondo.
No había anoche, después del mensaje de Rodríguez Saá, ninguna señal que
indicara una respuesta de conjunto de los gobernadores peronistas a la
convocatoria del Presidente. Ni siquiera cuando otra vez está todo por hacer.
Los hombres que consagraron a Rodríguez Saá suman recriminaciones contra el
Presidente. Lo responsabilizan por el nombramiento de funcionarios cuestionados,
por su estilo huracanado y por desconocer el pacto político de hace apenas una
semana que lo dejó en el poder.
Los gobernadores además acusaron el golpe que significa la extensión de la
protesta y su expresión violenta. Al igual que el presidente Rodríguez Saá,
que anoche apareció en los jardines de Olivos, bastante más pálido y sin la
sonrisa que lo emparentaba a Juan Perón y a Silvio Berlusconi.
Carlos Ruckauf y José Manuel de la Sota parecían decididos a no correr
riesgos. No quieren ser asociados a los desvíos "populistas", como rápidamente
se los definió, de Rodríguez Saá y ponían condiciones de difícil
cumplimiento.
Carlos Reutemann se conocía una declaración mínima, del jueves, favorable a
un eventual encuentro con Rodríguez Saá y a que se respete el acuerdo político.
Ramón Puerta, coordinador de los gobernadores de las provincias
"chicas", de las que proviene el Presidente, estaba dispuesto a
concurrir, pero para reclamar elecciones cuanto antes.
El Gobierno trabajó en la elaboración de un plan para resolver la restricción
de los depósitos bancarios, una cuestión que estuvo tan presente en la
protesta del viernes. Estuvieron en el encuentro, según un secretario de Estado
consultado, Jorge Remes Lenicov; Ricardo Gutiérrez; Jorge Matzquin y Oscar
Lamberto.
Rodríguez Saá anunció que el secretario de Hacienda, en funciones, se reunirá
hoy con los banqueros "para que contribuyan a la paz social",
en palabras del presidente. Dijo también que había encontrado disposición en
los banqueros para que las entidades abran mañana de 8 a 20, cumplan con los
pagos a jubilados y con la disponibilidad de retiros de hasta 1.000 pesos
mensuales.
El peronismo había resuelto la salida institucional en apenas 60 horas,
contadas desde la renuncia de De la Rúa. Es una tarea que debería haber sido
valorada, sino no hubiera sido hecha tan torpemente.
Por encima de la cuestión interna, la designación de Rodríguez Saá demostró
que no es representativa del conjunto del justicialismo porque nadie —el
Presidente primero— ha querido que lo fuera.
Luchando contra sus inclinaciones hegemónicas, los gobernadores del PJ deben
hacer frente hoy en Chapadmalal al mismo desafío que hace una semana, cuando se
encerró en un despacho del Senado: qué hacer con el Gobierno. Aunque
esta vez será en condiciones bastante más adversas. El peronismo, si
bien no fue el único destinatario, ya tiene su cacerolazo, su gobierno caído
y acumula mucho rencor para tan pocos días.
Gobernadores, legisladores, dirigentes y funcionarios se han estado cruzando
esta semana recriminaciones muy duras por su responsabilidad en lo que fue un
defectuoso acuerdo político.
Los gobernadores "chicos" le reprochan a Puerta no haber
seguido en funciones. Todos le atribuyen a De la Sota haber impuesto la ley de
lemas. A Ruckauf se le desconfía si quiere elecciones o reclama para la
presidencia hasta el 2.003. De Rodríguez Saá empiezan a decirse las cosas que
hasta ahora se callaban.
Es poco probable que de ese estado surja un gobierno con autoridad, un marco político
con algún grado de previsibilidad y un plan económico de largo plazo.
Ayer se hablaba en el peronismo de dos escenarios posibles, que desconocen a
Rodríguez Saá: la ratificación del llamado a elecciones, incluso antes del 3
de marzo, o la convocatoria de una nueva Asamblea Legislativa que consagre a un
nuevo presidente, con más tiempo por delante, como parece exigir el mundo a la
Argentina.
Hubo muchos llamados a Olivos la noche del viernes. Los funcionarios empiezan a
tener temor sobre su integridad. Duhalde dijo que la anarquía podría dar paso
a una guerra civil, pero pareció exagerar. Hasta que un presidente amigo le
abrió los ojos a un gobernador: "Las imágenes de TV ya hablan de una
guerra civil".
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