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BIOGRAFÍA DEL SARGENTO JUAN B. CABRAL

De Jorge Mumbach, jm@campotrazado.com

Se sabe que era correntino, hijo de doña Carmen Robledo y Francisco Cabral, ambos al servicio de Luis Cabral y Tomasa Casajus, de la localidad que hoy lleva su nombre en el municipio de Saladas.

En 1807, cuando ocurrieron las invasiones inglesas, Juan Bautista se hallaba en Buenos Aires. Se sabe de esto por una carta suya del 19 de agosto de ese año dirigida a Don Luis Cabral, su amo. En ella da cuenta de haberse salvado milagrosamente de ser degollado por los ingleses. Expresa que el clima no le sienta bien y que está enfermo de cólico y se queja de los pocos cuidados del Señor de Riera. Finalmente pide autorización a su amo para regresar a Corrientes.

Regresa a la provincia y permanece en Saladas hasta 1812. El 3 de noviembre de ese año, integrando el contingente de 72 correntinos, se embarca en la "Pura y Limpia Concepción" del patrón Pastor Pérez. Al mando del Teniente de Milicias de Voluntarios de Caballería Don Juan Bautista Parret y Figueroa emplearon cuatro días de viaje. Desde Santa Fe continúan su itinerario a caballo, arribando a Bs. As. cincuenta hombres que llegan al Cuartel del Retiro, el 19 de noviembre. Esa es la fecha de incorporación de Juan Bautista Cabral al Regimiento de Granaderos. Inmediatamente fueron sometidos a instrucción militar. El 29 de diciembre, el soldado ingresa al Hospital de Hombres de la Residencia de los Betlehemitas y permanece internado hasta el 3 de enero, sin que se consigne en los registros del hospital el carácter de su dolencia. Se reintegra al escuadrón del Regimiento.

A la fecha su incorporación en 1812 al segundo escuadrón de los recién creados Granaderos contaba con unos 23 años, de acuerdo a la biografía que transmite Pastor Obligado (1849-1914), su diligencia y capacidad de mando le granjearon galones de cabo para diciembre de ese año, y de sargento al siguiente; la que recoge Bartolomé Mitre en su monumental Historia de San Martín y de la Emancipación Americana, por el contrario, lo hace soldado raso a la fecha del combate.

Independientemente de su grado, su acción crucial tuvo lugar a poco de comenzada la batalla, cuando el fuego enemigo derribó a la montura de San Martín y aprisionó a éste debajo del animal. Cabral desmontó y ayudó al coronel a incorporarse. Los detalles exactos de la acción no se conocen, es imposible determinar con exactitud cuan arriesgada resultó; en algunas interpretaciones, Cabral interpone su cuerpo como escudo entre las bayonetas realistas y San Martín, lo que parece poco probable. Se relata también que San Martín fue herido en la mejilla, a pesar de que este tenía una cicatriz no es seguro de que fuera de esa batalla. Con todo, Cabral resultó gravemente herido en la acción, si bien no murió en el campo de batalla sino en el refectorio del vecino convento de San Lorenzo, utilizado como hospital de campaña tras el enfrentamiento.

La leyenda fue iniciada por el propio San Martín a raíz de una carta dirigida a la Asamblea del Año XIII; le adjudica en su lecho de muerte la máxima "Muero contento, hemos batido al enemigo".


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