“El ferrocarril innova,
reforma y cambia las cosas más difíciles sin decretos ni asonadas” (Alberdi).
Su carácter estratégico y
su interés general pueden explicar y predecir como su desarrollo y seguridad
resultan una notable estrategia disponible y complementaria para el desarrollo,
progreso e inclusión.
En este ultimo sentido,
nuestros ferrocarriles de pasajeros y de cargas, tienen mucho para aportar al
desarrollo de una infraestructura imprescindible en orden a mejorar la
vinculación física de personas y economías, para brindar condiciones para el
desarrollo y cohesión de las economías locales y regionales, y facilitar así el
aprovechamiento equitativo de oportunidades.
En efecto, si miramos a los
ferrocarriles como servicios públicos, como elemento esencial e indispensable
para el desenvolvimiento de la economía y la producción de los países más
importantes, veremos más claro el porqué fueron abominable y cobardemente
atacados por el terrorismo, tanto en España como en Inglaterra.
Precisamente también,
recobra curiosidad que los españoles en el último tiempo de su reinado en
América se ocuparan seriamente en la construcción de un camino carril
interoceánico a través de los Andes.
Pero, fundamentalmente, los
ferrocarriles dieron “el punta pie” inicial de la infraestructura
primaria nacional, entendida esta como las redes de comunicaciones de sistemas
de transporte.
Nadie ha de ignorar
entonces que nuestros ferrocarriles y sus “zonas de vía”, son “bienes
públicos” -inalienables e imprescriptibles- porque fueron
financiados con fondos públicos, hacen a los servicios públicos de interés
general y en consecuencia a una grave obligación estatal.
No cabe duda, nuestro
producto bruto nacional, nuestro desarrollo regional y la urbanización del campo
no hubiesen sido los mismos sin el notable desempeño ferroviario ni se hubiera
reflejado en el valor monetario de la producción total de bienes y servicios.
En el progreso agrario y de
la agroindustria, la disponibilidad de nuestros productos primarios (minerales,
granos, cereales, maderas, ganado, etc.) los ferrocarriles argentinos cumplieron
una “perfomance” invalorable, siendo artífices del desarrollo rural y
elementos esenciales-proactivos para la productividad y competitividad nacional.
Los ferrocarriles fueron “claves”
en la regionalización uniendo pueblos, provincias y países (Vg. con Chile),
concretando verdaderas “uniones aduaneras”.
Los
ferrocarriles favorecieron y facilitaron el acceso a factores de producción
contribuyendo a crear riqueza, trabajo, urbanizaciones y otros servicios
públicos.
Así, la producción patria
pudo eficientizarse influyendo favorablemente en el desarrollo humano, en el
comportamiento de la industria nacional y de los consumidores, individualmente
considerados, a través de un tráfico comercial –todavía- amigo del
ambiente.
Con todo ello se mejoró,
multiplico y diversificó la oferta argentina en el mundo logrando mejorar los
precios de los recursos naturales, de los bienes y factores productivos –pre-ferrocarriles-
así como progresar en una metodología cooperativa y complementaria de asignar
recursos entre usos alternativos para los sectores públicos y privados, internos
y externos.
Nuestros ferrocarriles son
la impronta de innumerables pueblos y ciudades, urbanizaciones que fue
‘sembrando’ un portentoso desarrollo ferrocarrilero que traía consigo
infraestructura, trabajo, traslado integral de pasajeros y de cargas pero,
centralmente, nuestras primeras comunicaciones e intercomunicaciones del
‘telégrafo’, en suma, adelanto, progreso y bienestar que debemos recuperar
con premura y sin `distracciones´ de ninguna índole atento la índole y
gravitación de la eficacia ferrocarrilera rural y/o ferrourbana.
Esos mismos ferrocarriles
que hoy deben reciclarse y refuncionalizarse, por etapas, por ramales, por
trochas, con un Estado decidido seriamente a reivindicar las zonas de vía y las
vías mismas, desalojando a los usurpadores (Arts. 181, 191, 192, 193, 194 y cc.
del Código Penal; Arts. 14, 85, 86 y cc. CN.), con una firme decisión política
de invertir, mantener, custodiar, cobrar peajes, etc., con servicios
tradicionales y los nuevos servicios de actividades complementarias y conexas;
las explotaciones colaterales que demanda el turismo nacional, el envío de
correspondencia y encomiendas y tantos otros servicios que nos permiten
anticipar alianzas estratégicas con el Correo Argentino, con intereses
provinciales, municipales, rurales, fiscales einversores privados,
contando ahora con todo el aliento de un MERCOSUR ampliado y convocado por
intereses, necesidades y anhelos semejantes, afines, complementarios y
estratégicos; megaemprendimiento que deberá quedar fuera de los “corsi e
ricorsi” ideológicos sudamericanos en términos de políticas de estado
porque, dispersos y reñidos –interna y externamente- no esperemos sino pobreza
y menosprecio.
Salvar los actuales “costos
hundidos” de los ferrocarriles ya seria ganancia más, si los
refuncionalizamos y eficientizamos aglutinando intereses de todos los sectores
involucrados en la responsabilidad de una decidida restauración ferroviaria,
todo eso será cumplir con el programa de progreso insito en el articulo 75 de
nuestra Constitución Nacional, la que –no es un dato menor- conservó en su texto
un dato especifico sobre los ferrocarriles por imperio de la Convención Nacional
Constituyente de 1994 “...inc. 18) Proveer ...lo conducente a la prosperidad del
país, al adelanto y bienestar de todas las provincias, la construcción de
ferrocarriles… como parte de la infraestructura que demandan el `canal bi-
oceánico´, los pasos fronterizos, la supraregionalización en tanto ser los
transportes con las comunicaciones los signos más visibles de los procesos de
globalización.
A modo conclusivo, en
materia de ferrocarriles, los números humanos cierran y los económicos también.
No se dude. Si no siempre fue así, seguramente sus causas las
encontraremos sólo en ineficiencias empresarias, políticas, en presiones de
industrias del caucho extranjeras, en espacios con ausencia de fraternidad y
responsabilidad social gremial o en enormes corrupciones impunes, digo, cuando
los intereses y anomalías sectoriales prevalecen sobre el interés general.
Pero, como ya advertía
Alberdi, no tendremos crédito externo si no tenemos crédito interno, es decir,
un crédito fundado en las seguridades y responsabilidades propias, recuperando y
restaurando infraestructura, repatriando capitales y consolidando la garantía de
la eficacia solidaria e inclusiva de nuestras rentas, crecimientos y superávit.-