EDUCACIÓN

Ingratitud Coterránea, de Roberto F. Bertossi

Federico Martín Maglio

"Un pueblo inculto es
más fácil de dominar"

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Ingratitud conterránea

p. Roberto F. Bertossi

 bertossirf@yahoo.com.ar

“… De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
la grandeza se anida en sus pechos,
a su marcha todo hace temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
Y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor...”

El próximo 2 de Abril, conmemoramos luctuosamente otro aniversario del día en el cual nuestros menores de edad, soldados argentinos del siglo pasado, movilizados y militarizados sin instrucción ni graduación que con apenas tan sólo 18 años, defendieron nuestra patria malvinense hasta dar noble y gallardamente, sus propias vidas.

No fue el C.V., currículum de estos menores ni su manejo de idiomas o alguna recomendación lo que colocó a tantas promesas humanas argentinas en las islas sino una enorme valentía jamás reivindicada cabalmente.

Este es mucho más que el día del Veterano y de los caídos en la guerra en Malvinas, una fecha histórica para la reafirmación de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas y un reproche para tanta ingratitud.

El 2 de abril de 1982, la Argentina tomó posesión de las Islas Malvinas, territorio usurpado por los ingleses en 1833 mediante una decisión de insuperable estupidez propia de titulares de miserias irremontables, intransferibles.

En efecto, hace ya más de medio siglo, el desembarco argentino en las Islas Malvinas marcó el inicio de una nefasta guerra en el Atlántico Sur en la cual `pichones argentinos´ preñados de temple y coraje hicieron todo lo que podían y mucho más.

La Guerra de Malvinas fue una historia plagada de desventuras personales, errores políticos, ignorancia diplomática e improvisación y desatino militar

Sin embargo, la multiplicación de errores y horrores no podrán empañar la entrega, abnegación y valor de tantos menores quienes `fueron al frente´ sin pertrechos apropiados a la época en una brutal, criminal y desigual beligerancia entregando con sacrificio sin límites sus propias vidas, defendiendo `al palo´ la soberanía territorial argentina.

Estos héroes muertos y vivos, ya con cuarenta y tantos años, con tantas minusvalías, ignorancia y hasta desprecio coterráneo son una de las raíces más profundas, una piedra angular de nuestra libertad, de nuestra democracia y hasta de nuestras propias vidas pero a la vez, paradójicamente, ex -combatientes (y sus deudos) que hoy continúan combatiendo amarga y sufridamente para recuperar su integridad psicofísica, lograr un trabajo digno, reeducación, vivienda y paz personal es decir, toda una aporía.

La recuperación de las Malvinas tocó hondo en la fibra patriótica del pueblo, de cada uno, de cada cual ...? No, concretamente no, salvo espasmos anodinos.

Cómo corresponder entonces cabalmente semejante magnanimidad, cómo saber para agradecer lealmente el máximo gesto humano de estos jovencitos coterráneos nuestros...?

Claramente, eso no será suficiente sólo con efemérides, sellos filatélicos o, poco más, poco menos, algunas `limosnas´, algunas exiguas migajas si entendemos que estos jóvenes representaron al pueblo argentino con su vida y lo relacionamos con todo lo que perciben vg. legisladores nacionales para `representar al pueblo´ en el lujo y la ostentación de un fastuoso recinto pleno de fueros, refrigerios y protocolos para levantar o sujetar su mano, políticamente disciplinada.


Elementales deberes de generosa reciprocidad cuentan con el máximo parámetro que no es la letra, la música o el canto de nuestro himno nacional sino el ejemplo y testimonio épico de cumplir con su jura y compromiso supremo: “… o juremos con gloria morir ”.

Ojalá en el mientras tanto, la sabia madre “Pachamama” con su providencia milagrosa agradezcan tanto y todo lo que muchos de nosotros mismos no sabemos o no quisimos porque, poder, aún podemos Vg., si despertamos de cierta languidez institucional, empresaria, sindical, cultural e insolidaridad social al respecto, para así reconciliarnos definitivamente sin admitir ninguna `sociodicea´ que exculpe al poder.

Ojalá también nosotros empecemos a reconocer y agradecer en su justa medida esta inmolación patriótica juvenil, casi toda `una generación perdida´, pero ahora, lo hagamos con una generosidad sacudida y desbordante porque estamos ante una hermosa e indulgente oportunidad para redignificar nuestras propias vidas y honrar semejantes regalos de vida, democracia y libertad ya que la guerra por Malvinas provocó la caída del gobierno militar y la restauración de la Republica con todos sus proclamados beneficios de ciudadanía en cuanto tal.

Sólo así haremos finalmente un cabal reconocimiento a todos los que lucharon pero especialmente al honor y lozanía de estos menores soldados cuya `gesta´ y nuestra gratitud serán concomitantemente, un fuerte aliento de consolidación, perdurable y prominente a circunstancias y temporalidad del `hito´ histórico, para galvanizar y blindar la posición argentina en una renovada reivindicación sin fisuras de nuestras Islas Malvinas.


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