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 Discurso pronunciado por el Sr. Ministro de Educación y Justicia de la Nación Dr. Jorge Sábato, en el acto de clausura de la Asamblea Pedagógica Nacional

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Discurso pronunciado por el
Sr. Ministro de Educación y Justicia de la Nación
Dr. Jorge Sábato, en el acto de clausura
de la Asamblea Pedagógica Nacional

 

Señores delegados, autoridades, señoras y señores:

En mi carácter de presidente de la Comisión Organizadora Nacional del Congreso Pedagógico, recibo este informe final de la Asamblea Nacional. En sus páginas se han volcado la labor desinteresada y silenciosa de miles de compatriotas a lo largo y ancho de todo el país, los aportes de la filosofía y la ciencia de la educación, tanto como los insustituibles testimonios de ciudadanos y ciudadanas preocupados por la formación íntegra y relevante de las nuevas generaciones.

Es éste el mensaje de una Nación que piensa en su futuro, un mensaje en el que cada una de las líneas refleja las esperanzas y los sueños de los argentinos.

Agradezco el esfuerzo y la contribución que todos ustedes realizaron para llegar a esta fructífera culminación del Congreso Pedagógico. Lo hago en nombre del Poder Ejecutivo de la Nación y -así lo entiendo- de todos los sectores del pueblo.

La pasión argentina ha vibrado una vez más en Embalse en la inteligencia y el temperamento que, con autenticidad ustedes supieron volcar en el debate. Pero a diferencia de otras veces en esta oportunidad, ha predominado el espíritu constructivo. La presentación de distintas opiniones ha enriquecido con la diversidad, el vasto y complejo campo de la educación, para alegría de todos. Los malos presagios de quienes dudaron que esto fuera posible no se cumplieron.

Muy por el contrario, el conocimiento mutuo y el intercambio de opiniones ha permitido arribar a sólidas conclusiones, que tanto en los consensos, los acuerdos o los disensos demuestran las coincidencias básicas que se registran en nuestra Argentina para retomar la marcha de una educación que reúna todos los esfuerzos, que arranque caudalosa, de la confluencia de todas las vertientes constitutivas de nuestra nacionalidad.

Las antinomias del pasado han sido superadas en esta Asamblea Nacional. En esta democracia renacida de los argentinos ya no tiene razón de ser el estancamiento de las instituciones y de la legislación educativa. Estamos convencidos que aquí se ha puesto la trabazón que tradicionalmente frustró el progreso armónico de nuestro sistema de educación. Creemos que este sentimiento será captado y compartido con el paso de los días por creciente cantidad de ciudadanos y que tomaremos conciencia de que la educación de calidad para todos puede ser lograda a pesar de la crisis económica por la que atravesamos. Más aún, esa misma crisis no muestra cuán indispensable es perfeccionar nuestra educación para que la Argentina pueda en definitiva ganar su porvenir.

No han sido desde luego, borradas las diferencias que identifican y distinguen las distintas corrientes de pensamiento y en rigor es bueno que cada una de ellas conserven sus rasgos específicos y los cultive. Pero, aún en la discrepancia, es evidente que los valores principales en que se basan las posiciones son valores compartidos: un profundo humanismo, una veneración por la Nación, una acendrada confianza en el sistema democrático.

Así, la enseñanza que deja el Congreso Pedagógico resulta aleccionadora para todos los argentinos: un amplio terreno de coincidencias mientras subsiste un restringido y valioso conjunto de diferencias. Ya no tenemos enfrentamientos que justifiquen, ni siquiera que expliquen una inacción en materia de renovación y cambio de la educación. El desafío en adelante es el del trabajo creador, el de la convergencia fructífera de todos los recursos disponibles, el del respaldo a todos los matices del abanico democrático.

La Argentina ha ganado... No algunos de nosotros contra los demás sino todos juntos, contra nuestros fantasmas, contra nuestro escepticismo, contra nuestra dilatada decadencia.

Siento que estamos en un punto liminar, que este encuentro ha sido el comienzo de una nueva página de la historia educativa argentina. Escrita como las mejores de nuestro pasado, con modestia, con sencillez republicana, sin jactancias pero con la intrepidez intelectual que la hora argentina reclama. Ustedes supieron elevarse sobre las barreras de la división, de la dicotomía, del maniqueísmo estéril y han dado en representación de la voluntad de miles un esperanzado mensaje de fe. Corresponde ahora a los legisladores y también a los gobiernos de la educación, a los dirigentes, a los maestros, a los intelectuales, a los estudiantes, a los padres y madres de familia, en fin, a todos los argentinos, conocer y evaluar las conclusiones a las que ha arribado esta Asamblea Nacional.

No me cabe duda que estas conclusiones constituirán una fuente fundamental de inspiración para los poderes públicos y para la ciudadanía en su conjunto. Es indudable, también, que el espíritu de hermandad y patriótico entusiasmo que constituyó el clima de esta Asamblea será captado y proseguido por educadores y educandos en la marcha que se reinicia con nuevos ímpetus a partir de estas deliberaciones.

Señores delegados: en nombre de la Comisión Organizadora del Congreso Pedagógico Nacional los felicito calurosamente por la labor desplegada y les reitero nuestro más sincero agradecimiento por el esfuerzo realizado.