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Arbitrariedades en la
Universidad de Salta
Atento a los
requerimientos y comentarios sobre el importante tema de los mecanismos
vigentes para cubrir los cargos de Auxiliares de Investigación del CIUNSa,
veo conveniente acercar mis impresiones al respecto. Existen algunas
realidades concretas, a saber:
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Me parecen muy
correctos los planteos generales que hemos podido leer en la Rediunsa y
muy oportunas las quejas de Cristina Moya. Nunca existió un criterio
claro y mucho menos un reglamento detallado para el manejo de esos
cargos, más allá del ideal que tal criterio tenga un consenso amplio y
sea aceptado por toda la comunidad universitaria. La situación no
solamente es profundamente asimétrica y conculca derechos generales y
presupuestos de igualdad para el uso, acceso y permanencia en los
cargos. Parece evidente que la peculiar “herencia” de los mismos denota
una situación histórica donde un grupo de privilegiados, sobradamente
conocido (si bien pareciera recién ahora identificado), ha usado, usa y
abusa de la oscuridad que reina sobre el tema. En este grupo puede ser
previsible la resistencia de algunos directores a abandonar las
prebendas asociadas con tan cómoda situación personal. Es un imperativo
inmediato para la comunidad universitaria esclarecer semejantes
irregularidades y brindar una solución integral que proteja valores
académicos y universitarios superiores frente a una realidad deplorable.
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A la hora del
diagnóstico descriptivo del problema, nuestra deplorable realidad es
bien pedestre y también muy conocida. Esta realidad tiene mucho que ver
con la crisis republicana de valores y el deterioro generalizado de las
instituciones argentinas en las últimas décadas. En la decadencia, el
sistema universitario argentino no ha sido, ni es, una isla impoluta.
Por el contrario, en el ejercicio cotidiano de su cometido fue deformado
y vaciado de sus valores fundamentales mediante decisiones políticas
concretas. El llamado “Modelo Shuberoff” en la universidad argentina,
inconfeso pero siempre actual a través del sólido respaldo que le
proporciona la LES vigente, fue exportado a lo ancho y a lo largo del
país. Este modelo le asegura a la Universidad esa condición de mero
botín político adicional en la arena donde se baten aparentes y
minúsculas rencillas partidarias. La falacia del esquema es simple y
contundente ---la he oído personalmente en Buenos Aires, hace muchos
años, de boca de un encumbrado funcionario de gobierno--- “...como la
juventud no suele acercarse al comité, es muy conveniente instalar el
comité en la Universidad y esto nos permite financiar gran parte de
nuestras organizaciones juveniles con dineros del Pizzurno...”. A
confesión de partes, relevo de pruebas. Lo cierto es que a lo largo de
los años este esquema ha probado funcionar muy bien y fue arrasando, en
forma paulatina pero inexorable, con nuestros valores universitarios de
antaño, valores siempre respetados en el resto de los países del planeta
que saben proteger sus instituciones e intereses de un modo genuino.
Hoy, entre las penurias sociales visibles, el daño educativo es profundo
y extenso excediendo a la Universidad tras el penoso y previsible
resultado que cosecha la aplicación general del EGB y el Polimodal en
los niveles iniciales y medios de la educación argentina. Realizar
modificaciones adecuadas en la LFE y la LES pueden ser pasos necesarios
y muy importantes en el camino de restablecer condiciones educativas de
excelencia, pero no son los únicos. Antes de cambiar las leyes
educativas tal vez tiene mayor significado realizar un diagnóstico
descarnado de la situación, advertir cuales son esos valores perdidos
que se deben recuperar y reflexionar acerca de como la sociedad y
nosotros como parte de ella, hemos aceptado tan alegremente dilapidar
nuestros recursos convirtiendo, entre otras muchas cosas, a la
universidad argentina en el degradado comité de segunda clase que vemos
hoy. Se han distribuido Universidades Nacionales a casi todos los
punteros municipales del Gran Buenos Aires y se le ha dado la espalda a
la mayor parte de los mecanismos destinados a la selección de las
personas más idóneas en la esfera educativa cuando ellos no convenían al
ansiado control partidario. Se crean carreras nuevas sin respaldo
académico con la finalidad primaria, siempre inconfesa, de tener a
padrón cautivo la reelección asegurada de los amigos en el gobierno
universitario. El colapso de la Escuela de Medicina de la UBA en las
últimas décadas, esa que hace 40 años era la mejor de Latinoamérica y la
misma que le dio al país tres premios Nóbel en ciencias duras, es
ejemplo elocuente del éxito destructivo de estas políticas disfrazadas
de “ampliaciones democráticas”. Hoy la UBA se ubica muy atrás en el
ranking de calidad de las Facultades de Medicina argentinas establecidas
por CONEAU, y no por los avances de los otros centros sino por los
crudos términos del deterioro relativo. La moneda del clientelismo y el
amiguismo han sustituido a los antecedentes, al talento y a la
capacidad. La consigna es juntar votos a como de lugar. Así tenemos un
presente con una clase política en baja y fuertemente cuestionada (el
ex-Rector, casi-vitalicio de la UBA, es procesado hoy por sus cuantiosas
e inexplicables inversiones inmobiliarias en la costa oriental de EEUU,
seguramente habidas “con dineros del Pizzurno”) y aquí estamos
con la mayor parte de las universidades controladas por grupos de
personas que distan mucho de haberlo hecho por méritos académicos.
Suelen semejar más a “clubes sociales”, en donde comisiones directivas
afianzadas y establecidas reparten, muy discrecional (discretamente en
lo posible), bolillas blancas y negras a hijos y entenados. Para obtener
sus primarios fines de permanencia y control, los métodos mafiosos
análogos de apriete y coacción, tan propios de nuestra política
nacional, son bien conocidos en los claustros. Las universidades también
tienen sus “Luisitos Barrionuevos”. Como en el Congreso Nacional y a la
hora de la verdad, tal vez se advierta que no hay voluntad política para
el cambio. Sea por inercia del propio sistema o tal vez por comodidad de
los usuarios, quizás mañana no sea posible lograr una mejora en el
sistema. Así la Universidad seguirá practicando el popular deporte
argentino de declamar blanco y hacer negro.
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Hace un par de
meses atrás, en una residencia académica en la Universidad de Salzburgo,
he podido comprobar que tan simple puede ser la solución a nuestros
problemas universitarios. Cuando uno esta en la lona total, como los
japoneses después de Hiroshima y Nagasaki (o la Argentina con más de
5.000 puntos de riesgo país), limitarse a copiar los buenos ejemplos
suele resultar una salida brillante. El asunto es copiar todo lo posible
y copiar bien. Optar por introducir variaciones propias de nuestra
“viveza criolla” nos está resultando fatal. En la secretaría del
Instituto de Mineralogía de la Univ. Salzburgo, como en casi todas las
instituciones universitarias europeas, existe colgado en lugar visible
un ranking actualizado donde se encuentra todo el personal
docente-investigador del instituto ordenado conforme a sus valores
decrecientes en el Science Citation Index. Un detalle no menor es que a
la hora de elegir sus autoridades académicas (Directores, Decanos,
Rectores), todo el personal D-I sólo puede votar a los tres primeros en
el mencionado ranking. Sus filiaciones políticas resultan irrelevantes y
huelgan aclaraciones adicionales sobre el alto valor académico de
semejantes elecciones. Por supuesto que en Austria, como sucede en toda
la Comunidad Europea, no existe algo tan oneroso, exótico e inútil para
la enseñanza superior como nuestra inefable CONEAU y tampoco se dedican
a repartir carreras nuevas y universidades como si fueran kioscos. Tal
vez no necesitan ubicar a sus correligionarios, esos que concluyen con
su período parlamentario en el Congreso, en un “retiro académico”
descansado y solvente, o quizás estimen que dispersar sus recursos
humanos y materiales, en la expansión permanente del sistema
universitario, podría afectar a futuro en forma negativa la calidad de
las formaciones profesionales y la excelencia de sus centros
universitarios (sabrán perdonar, pero son esas cosas extravagantes que
pueden llegar a pensar amarretes europeos cuando planifican sus
instituciones o redactan sus leyes). Como ideas y ejemplos son
contagiosos, a lo mejor mañana algo así nos puede acontecer a nosotros,
confiemos. Creo que a esta altura y en perspectiva, todos podemos
apreciar las bondades de una ley educativa simple y bien intencionada,
por ejemplo esa 1420 de Avellaneda, que iluminó los mejores años de la
república, frente al calamitoso desastre prohijado por las farragosas y
maliciosas leyes vigentes. Por una luz en el futuro argentino, es
deseable obtener lo antes posible esa nueva normativa legal en materia
educativa, breve en su articulado y concisa en la defensa de la calidad
de la educación, que margine del sistema universitario a la política
partidaria, al clientelismo y a la mediocridad.
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Se ha sugerido
que alguna “razón académica totalitaria” podría estar en el
origen de nuestro problema local. Coincido en que hay varios, tal vez
demasiados, totalitarios, irrespetuosos e hipócritas tomando decisiones
en el actual sistema universitario, pero estoy seguro que muy pocos de
ellos, si es que hay alguno, es un académico convencido, esgrime razones
académicas y/o defiende valores académicos. Para nuestro consuelo se
percibe con claridad que las arbitrariedades de la UNSa, como las que
hoy nos ocupa, no son una calamidad que nos cae del cielo sólo a
nosotros. Son moneda corriente en otras universidades de Argentina. En
algunas los Fondos de Finalidad 8 Ciencia y Técnica terminan financiando
desde comedores hasta el parque automotor o huecos agónicos de fin de
año en las cuentas corrientes. Al menos aquí el CIUNSa siempre hizo uso
de esos fondos en investigación. El análisis general del problema nos
lleva siempre al mismo lugar. No aparecen voluntades suficientes para
defender los valores adecuados y el sistema decae en forma irremediable.
Una realidad muy negativa de los Estatutos de la UNSa es la exclusión de
los investigadores en el gobierno del CIUNSa. Aunque parezca retrógrado,
los directores de proyectos y los investigadores son marginados de las
decisiones y de la elección del Presidente. El CIUNSa es un cuerpo
colegiado tripartito insólito donde los miembros docentes son
representantes de las Facultades. De este modo su elección es resorte de
los consejos directivos respectivos. Así, en el gobierno del CIUNSa, los
estamentos no docentes gozan de una doble representación, pero los
docentes que efectivamente hacen investigación se encuentran formalmente
excluidos y deben peticionar por nota frente a autoridades que por lo
común representan otros intereses. Quién piense que son casualidades es
posible que se equivoque de parte a parte. Lo comentado es tan casual
como la LES vigente, la ley que le ha posibilitado a un Jefe de
Prácticos ser el “Rector de la Democracia en la UBA”, durante casi
veinte años seguidos, con los resultados a la vista. Resultan ser las
respuestas casi obvias a las necesidades funcionales de un modelo
perverso. Considero que el problema local y puntual de los Auxiliares de
Investigación-CIUNSa deviene como consecuencia a largo plazo de normas
maliciosas o en la falta de normas, y el obstáculo mayor previsible a
una solución ecuánime, radica en el río revuelto que beneficia
indebidamente a muchos totalitarios disfrazados de corderos. No se crea
que el “modelo Schuberoff” tuvo vigencia sólo en la UBA. Son
consecuencias lógicas de haber extraviado el debido respeto a los
valores universitarios y priorizar en el tiempo esas conocidas “transas”
propias de la comisión directiva del “club social” UNSa. La solución
de fondo al problema requiere: A) un compromiso efectivo de
la sociedad, pero en especial de la comunidad universitaria, para
defender el conocimiento, la transmisión del conocimiento y los valores
académicos universales asociados con ellos, frente a la demagogia
funcional y el facilismo. B) detrás de este compromiso,
modificar los Estatutos de la UNSa y poner el CIUNSa en manos de los
docentes-investigadores de la Universidad para defender los valores
citados en A).
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Soy un testigo
lúcido y víctima cierta de algunas arbitrariedades del CIUNSa en la
materia desde el año 1991 cuando, como Director de Proyecto ID, me
fueron arrebatados esos cargos en contexto irrespetuoso y arbitrario.
Como investigador jamás he incumplido y no puedo estar disconforme con
mi trabajo y mi vocación, que me llenan de satisfacciones. Tal vez como
asegura aquel refrán popular, nadie es profeta en su tierra. Cierta
justicia elemental y el reconocimiento por mi labor profesional
provienen, en mi caso, mayormente fuera de los predios de la UNSa y de
Argentina. Pese a reclamar de un modo reiterado y prolijo por el
atropello sufrido a las cuatro administraciones siguientes, incluida la
actual, nunca he obtenido una respuesta satisfactoria y
coherente. Se sabe que los auxiliares de investigación no tienen
derechos adquiridos ya que sus designaciones son interinas y a término.
Todos sabemos además que la Universidad puede cambiar la política de
asignación de cargos con causas fundadas, pero no avalar agravios
alevosos e infundados contra un grupo de investigación que siempre tuvo
alta producción. Sería muy ingenuo de mi parte (y también de parte de
los miembros de la comunidad universitaria en general) imaginar que esto
sólo me puede ocurrir a mi. Le puede suceder a todo aquel que, por una u
otra circunstancia, se encuentre en situación de obstáculo casual o
genere apetencia de alguna naturaleza objetiva en ciertos socios
prepotentes y dominantes del “club UNSa". Tal situación si que es
peligrosa, discriminatoria, concreta, actual y lamentable.
Denunciarla servirá para prevenir casos análogos y modificar este tipo
de conductas en la universidad.
Frente a estas
realidades, coincido también en la conveniencia de realizar un debate amplio
y obrar con alguna urgencia:
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Sin una
solución de fondo y en un ejercicio intelectual hipotético, es posible
arrimar “parches cosmetológicos” a espera de aquella. La situación ha de
mejorar, con buena protección de las muchas actividades universitarias y
académicas vinculadas seriamente a la investigación científica y
tecnológica, por medio de un reglamento transitorio, pero reglamento al
fin, que evite arbitrariedad y discriminaciones. En las consideraciones
generales comparto las apreciaciones sensatas de Mario Boleda. Es muy
difícil disentir con ellas y pese a provenir de las ciencias sociales,
son válidas también para las otras ciencias de la naturaleza. No es
conveniente transformar los auxiliares de investigación en becarios de
investigación si ello sólo sirve para ampliar el número de becarios, a
expensas de los auxiliares, pero con la baja retribución que le
conocemos a las becas universitarias de ayuda económica. Mucho menos si,
encima, son de vigencia anual y es intención repartirlos con liviandad,
inclusive en los proyectos fantasma. El investigador joven en
formación necesita un sueldo decoroso para vivir sin otras
preocupaciones existenciales que su trabajo durante el tiempo que duran
las investigaciones serias, con posibilidades de arribar a conclusiones
de valor. Esto al margen del nombre de los cargos en cuestión.
Becarios de Investigación es tan bueno como Auxiliares de Investigación
cuando se cubren con graduados jóvenes para formarse en un grupo de
trabajo acreditado. Los cargos no son para cubrir con estudiantes del
pre-grado ni para financiar otras actividades. Mientras se cumplan
estas condiciones y surjan resultados de calidad en las tareas, la
Universidad, a través del CIUNSa, debería respaldar estas asignaciones
en todos los grupos de trabajo que demuestren su competencia.
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La tarea de
apuntalar a los postgrados es por demás importante como lo señala muy
bien Cristina Moya. Se cubre automática y naturalmente con estas
actividades cuando no se desvían de sus finalidades específicas.
Este último es un punto relevante y lo advierte Mario Boleda: los
docentes pueden no ser investigadores, pero a la hora del cobro de
incentivos han crecido en forma exponencial los proyectos y trabajos del
CIUNSa que nunca han brindado otro aporte que no sea permitir el cobro
indebido del beneficio a sus mentores. Se impone un control de
gestión competente para asegurar calidad y evitar fraudes, pues sería
doblemente deplorable dispersar los bajos recursos de investigación
asignando becarios anuales o bianuales en proyectos fantasmas. Aquí
volvemos al mismo lugar. El CIUNSa actual no puede asegurar este control
en el contexto que le conocemos.
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Como la
Universidad no tiene cargos PAU adecuados en el escalafón técnico para
asegurar carreras decorosas a sus técnicos, con el tiempo, un número
considerable de cargos de Auxiliares de Investigación del CIUNSa han
cubierto la sensible falencia en laboratorios y talleres especializados.
Es tema mayor que no se debe desatender. Se impone pasar al escalafón
técnico de la UNSa los cargos cubiertos al presente en funciones
técnicas valiosas y no convalidar los desvíos acontecidos hacia
cargos meramente administrativos.
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El proyecto
modificatorio del Reglamento de Becas de Investigación que se presenta
con la intención de ir absorbiendo los actuales cargos de Auxiliares de
Investigación adolece de varios defectos. Estas becas también son
designaciones interinas a término, para alcanzar objetivos concretos, en
un proyecto definido, bajo la guía de un investigador formado. Las
Becas de pre-grado (BIEA), de un año de duración, se deben
excluir del Reglamento de Becas, pues el apoyo a los estudiantes
carentes de recursos para graduarse pertenece a otras oficinas de la
Universidad y escapa al ámbito del CIUNSa. Tales becas malbaratan
recursos y son inútiles para introducir a los jóvenes en la labor
creativa de un proyecto de investigación, labor que requiere dedicación
exclusiva a lo largo de un tiempo mínimo de dos (2) años. La experiencia
indica que los estudiantes de los últimos cursos privilegian su tiempo
(inclusive renuncian a las ayudantías docentes) para dedicarse por
completo a rendir sus materias o para completar sus trabajos finales de
graduación. Otorgar una beca en tales condiciones, en el 95% de los
casos va a implicar un subsidio de estudio gratuito. El apoyo formativo
se debe concentrar en investigadores jóvenes graduados con becas
renovables de dos a cuatro años de duración (BII = dos años, BIP =
tres años y BID = cuatro años), el tiempo mínimo para obtener resultados
de valor en las investigaciones. Se recuerda que el promedio de las
buenas tesis de doctorado en ciencias (pese a todas las buenas
intenciones en sentido de acortar los tiempos) se encuentra
invariablemente alrededor de los seis años. Se debe agregar la
categoría Beca Interna Postdoctoral (BIPD = cuatro años), de
naturaleza renovable, para brindar apoyo a investigaciones de largo
aliento en los grupos de trabajo formados, investigaciones que hoy
encuentran ese apoyo en el servicio brindado por los Auxiliares de
Investigación. El acceso a becas de iniciación se garantiza con los
antecedentes del director y la permanencia en las becas se debe
acreditar siempre con el cumplimiento de los planes de trabajo y los
resultados de las investigaciones. El manejo adecuado de las becas, como
el de los programas-proyectos-trabajos de investigación, requiere un
control de gestión de muy buena calidad que difícilmente lo pueda
brindar la estructura actual del CIUNSa.
Ricardo Sureda
Salta, junio de 2003
Nota enviada
por Eduardo R. Saguier
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