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 Críticas Generales, Educación Democrática para Enfrentar la Educación Neoliberal

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Educación democrática para enfrentar a la educación neoliberal[i]

 

Edgar Isch López

Unión Nacional de Educadores

 

La educación refleja inevitablemente las contradicciones de su época y las presiones que sobre ella pueden ejercer los poderosos. En Latinoamérica, de hecho esta relación ha plantado cambios que han pasado desde el laicismo en la enseñanza como requisito para superar la producción feudal e implantar la capitalista, pasando por la promoción de la metodología llamada “tecnología educativa”, en momentos en los que se impulsaba la política desarrollista; la generación de carreras técnicas de corta duración, para lograr la “suplantación de importaciones”; más tarde la incorporación de técnicas de planificación estratégica; hasta llegar, desde la segunda mitad de la década de los años 80, al impulso de una postura neoliberal.

La respuesta de los sectores democráticos y de izquierda, en los años 60 y 70 se concentró básicamente en la Educación Popular y en la presentación de propuestas estratégicas de transformación que partieron de algunos gremios docentes vinculados con otras organizaciones populares. Estas propuestas se centraban en la necesidad de la toma del poder político en manos del pueblo trabajador, como garantía y requisito para lograr una educación que apuntara a la liberación de nuestros pueblos y a la vida personal de las mayorías también en libertad. De allí surgían propuestas pedagógicas que impactaron en la Educación allí donde los maestros de avanzada las asumían y, a la vez, surgía la oposición firme a las imposiciones educativas del imperialismo que trabajaba las reformas educativas de nuestros países en la Universidad de Nuevo México (en los años 70) o generalizaba una misma propuesta, como sucede hasta hoy cuando repiten la misma receta cada uno de nuestros países y, también, para sectores populares especialmente de inmigrantes en Estados Unidos y Canadá.

Frente a la destrucción de los regímenes del mal llamado “socialismo real”, todos los medios de los sectores dominantes, dentro y fuera de nuestras fronteras, fueron usados para convencer a los pueblos de que “la historia llegó a su fin”, que “vivimos una aldea global” y que llegaba el tiempo de un “nuevo orden mundial” globalizado, de paz y desarrollo. Todos los instrumentos del Estado capitalista y del imperialismo se sumaron para convencer al mundo de que los anhelos de mejores condiciones de vida eran solo utopías irrealizables, que las medidas neoliberales eran las únicas posibles y que la técnica estaba al margen de la política, con lo que se daba patente de corso y careta científica a los paquetazos y toda clase de medidas para quitar a los pobres y entregar a los ricos una porción cada vez más grande de riqueza social. El peso de tal ofensiva ideológica llevó efectivamente a debilitar las posiciones democráticas y de avanzada en la mayoría de países y a permitir una rápida aplicación de los dogmas neoliberales. Pero la verdad, es que ese “nuevo orden” no era más que una nueva careta para una vieja dominación.

Veamos, en una síntesis muy general, los ofrecimientos neoliberales y sus resultados reales:

  • En primer lugar, los neoliberales plantearon que su esquema generaba crecimiento de la economía del mundo. Más allá de éxitos momentáneos en ciertos países que nos fueron puestos como vitrinas del camino a seguir y que fueron despedazándose, unas tras otras, las tasas promedio de crecimiento del producto, de la inversión, de la productividad del trabajo y de los salarios reales a partir de 1973 se encuentran entre un tercio y la mitad por debajo de los valores obtenidos durante el apogeo del keynesianismo (años 40-70), mientras que las cifran del desempleo han crecido bastante por encima del doble (Brenner, p.3). Así, a nivel mundial el PIB ha caído al 2.1% anual, menos de la mitad del período anterior al neoliberalismo; las exportaciones bajaron del 8.6% al 4.7% y el desempleo creció del 2.6% al 5.7% de la fuera laboral mundial.[ii]

Lógicamente, hay diferencias claras pues la brecha entre ricos y pobres tiene un crecimiento continuo, tanto a escala mundial como al interior de cada país. La brecha entre ricos y pobres ha crecido en 250% desde 1960.[iii]

Esa brecha, cuando se habla de países, se explica por la explotación que los países imperialistas realizan sobre las colonias, lo que permite a  los países industrializados, en este mar de pobreza, ver entre 1975 y 1999 crecer su Producto Interno Bruto en un 50% mientras en las naciones pobres la caída es del 15%, en el mismo período[iv].

  • Tampoco se ha logrado el anunciado equilibrio de las cuentas fiscales mediante la aplicación de las políticas ortodoxas del neoliberalismo. El déficit fiscal se ha convertido en un rasgo crónico de los capitalismos avanzados, y mucho más notorio en los países latinoamericanos. El déficit cero propuesto en este año para enfrentar la crisis en Argentina, dudosamente alcanzable, requería de un paquetazo brutal que significaba la tercera reducción salarial de los empleados públicos y maestros, esta vez en promedio en el 13%, junto con elevación de tarifas de servicios básicos y reducción de las pensiones de los jubilados.

  • El neoliberalismo tampoco logró resolver el tema de la vulnerabilidad financiera de las principales economías del mundo. Esa fue la manifestación de la crisis en los llamados Tigres Asiáticos, en Japón, Rusia, México, Brasil, entre otras. Desde el segundo semestre del 2000 la crisis ha golpeado con fuerza a Estados Unidos que se encaminó rápidamente a una depresión económica que solo se sostenía gracias al consumo a crédito de la población, consumo que seguramente se reducirá tras los atentados contra el Pentágono y las Torres Gemelas, dificultando mucho más cualquier posibilidad de recuperación.

  • Al contrario de lo ofrecido por los neoliberales, el carácter mayoritariamente especulativo de los capitales crea mayor inestabilidad. Los capitales salen tan fácilmente como entran y dejan desmanteladas economías de países enteros, en los que su población nunca recibió beneficios de la inversión extranjera. Ejemplos de lo dicho fueron las crisis en los que fueron temporalmente llamados “tigres” asiáticos y en México.

  • El problema del desempleo, es hoy una verdadera plaga que afecta a las economías industrializadas y a las de su periferia por igual. La flexibilización laboral, los trabajos parciales o precarios, la inestabilidad laboral careciendo de seguridad social y de las prestaciones asistenciales logradas por los trabajadores años atrás, son muestra de la brutalidad con la que el neoliberalismo atacó a los trabajadores. Maestros y maestras del continente han sido también víctimas del empeoramiento de sus condiciones de trabajo, incluidas la prohibición de luchar por sus derechos y las medidas gubernamentales para debilitar y en lo posible destruir sus organizaciones gremiales.

  • El neoliberalismo ha creado una capa de millones de seres “excluidos” de los bienes sociales. Este término tuvo que crearse para identificar a millones que no eran tan solo “marginales” que podían en algún momento incorporarse a los pocos beneficios del desarrollo que se repartían, sino que pasaban a ser considerados por los grandes capitalistas como “seres de desecho”, término también propio de esta época.

  • Las guerras son hoy más numerosas, más sanguinarias y terribles que antes de la caída del muro de Berlín. El Nuevo Orden de Paz que ofrecieron, se baña de sangre a cada hora. En nuestros días, nada, ni los actos terroristas rechazados por todos el 11 de septiembre, pueden justificar una guerra contra el pueblo afgano, que solo se convierte en un genocidio producto de acciones realizadas al margen de toda legislación internacional y de los más elementales valores humanos. 

Así las cosas, el neoliberalismo ha obtenido un solo logro: garantizar la mayor acumulación de la riqueza en pocas manos que haya visto la humanidad. Basta ver como la riqueza de los 10 hombres más millonarios del mundo, supera con creces a la producción de más de 80  países del mundo. Entonces, el neoliberalismo ha sido exitoso para fortalecer el poder económico de unos pocos y ampliar las penalidades de los trabajadores, pero desastroso desde la perspectiva de las mayorías explotadas y empobrecidas.

El neoliberalismo y la educación

El neoliberalismo, se refleja también en una propuesta educativa que se ha ido conformando paulatinamente pero que alcanzó rasgos claros e integrales. De hecho, las propuestas neoliberales parten de la equiparación de la educación con el mercado, el mismo que es ubicado como una deidad que todo lo puede, todo lo resuelve y es lo único que debe quedar en libertad. Esta idolatría del mercado, como la llamaran destacados promotores de la Teología de la Liberación, ordenaría los valores morales del neoliberalismo, y por tanto también las metas formativas ha ser impulsadas en la educación. Bajo la mitificación de la libertad de empresa y del libre mercado, duermen los sueños de millones de indigentes.

Si la educación de los pueblos históricamente ha cumplido los roles de socializadora (reproductora de cultura e ideología) y de formadora de los recursos humanos para el área productiva, hoy en gran medida queda restringida a cumplir con la primera de estas funciones, es decir, la de carácter ideológico, y renuncia a la segunda,  pues el crecimiento del desempleo y del sector de “excluidos” demuestra la incapacidad del sistema para incorporarlos al empleo. Nos dirán que los “ecuatorianos somos vagos”, que “solo nos quejamos”, que “el que no trabaja es porque no quiere” o que aquí “cualquiera puede hacerse rico”, porque quieren que la gente esté pobre pero contenta, convencida de que es su propio error vivir en la pobreza y que nada puede hacer contra el sistema. Por ello, desde la educación refuerzan la diferenciación social por diversos mecanismos, tales como[v]:

  • La llamada “educación para la supervivencia” (a eso reducen el derecho a la vida en condiciones dignas), como estrategia dirigida a los más pobres, a los que de por sí niegan toda posibilidad de ascenso social, y se les ofrece tan solo conocimientos para leer, realizar operaciones aritméticas básicas y cómo disponer de la basura, responsabilizándolos además por la contaminación ambiental.

  • La devaluación de los títulos académicos de los establecimientos y universidades públicas, para lo cual el recorte de los presupuestos es una necesidad del modelo. Crean educaciones de primera (privada cara), de segunda (municipalizada pagada) y deficiente (pública gratuita). La reducción de presupuestos para la educación pública, la desatención a la misma, son también condiciones deseadas por los impulsores del neoliberalismo, porque, como decíamos antes, ante todo quieren a la educación como aparato ideológico del Estado y a los educadores como transmisores de los mensajes que convienen a los oligarcas.

  • La privatización educativa, como mecanismo de exclusión de los más pobres y de definición un tipo de educación para cada clase social (calidad de educación según la capacidad de pago), a veces sosteniendo que una educación para “los más aptos” (económicamente se entiende) creará “analistas simbólicos” y otra educación, dará como resultado a la masa de trabajadores de servicios y operadores manuales.

La privatización, allí donde el magisterio y los padres de familia se han opuesto, no requiere obligatoriamente que el edificio e incluso los sueldo docentes dejen de ser cubiertos por el Estado. Mediante mecanismos como “Redes Amigas”, apadrinamiento de la escuela por una empresa u otras afines, esa empresa que invierte se convierte en determinadora de lo que sucede en el plantel escolar y mediante bonificaciones pretende poner a los maestros a su servicio. De esta manera, ese espacio público llamado escuela fiscal pasa a servir a propósitos de la empresa privada y eso es privatización de su funcionamiento y finalidades. De manera disimulada, aprovechándose del uso de recursos estatales, pero privatización en última instancia.

  • La formación tecnocrática que deja de lado toda la formación humana, como parte del impulso del pragmatismo como visión de vida. Pragmatismo que no significa otra cosa más que el lograr los fines personales para “tener éxito”, sin importa los medios.

  • Lo anterior se basa en la promoción de una filosofía posmoderna que en pedagogía se expresa en el constructivismo piagetiano, al que equivocadamente se confunde con Vigotsky. El constructivismo se basa en tesis subjetivistas que cada vez más se acercan a las tesis neopositivistas de que “la realidad no existe”, o que ésta es según cada individuo la construye, negando que el conocimiento científico resume nuestra comprensión de la realidad como logro social y no personal.

  • Subordinar el mundo educativo ante el mundo laboral y productivo especialmente de las grandes empresas, determinando a priori que debe dedicarse la vida de cada estudiante (educación según la actividad laboral futura). No es una educación para el trabajo, es decir de formación integral, sino una educación para el empleo inmediato y según los requisitos impuestos por el empleador.

  • Junto a ello va la concepción neoliberal de la educación como una mercancía y ya no como un derecho humano. Así, la eficiencia financiera es un objetivo superior, los niños se convierten en materia prima al ingresar y en producto al salir, los números son el único mecanismo de evaluar la calidad, los padres de familia son llamados clientes y los directores pasan a ser gerentes, porque la escuela dejó de ser un ámbito de relación y vivencia humana por excelencia para convertirse en una empresa que brinda un servicio. La lógica del mercado, si la asumimos como propia o si la toleramos, lleva al absurdo el proceso educativo y  la labor docente.

  • El esquema incluye modificaciones en el trabajo docente. La flexibilización y las líneas para dividir y destruir los sindicatos docentes son una constante. Son muchos los casos en los que la descentralización educativa entendida como lo hacen los neoliberales, no es mas que un mecanismo buscado para destruir a los sindicatos,  el cual es su objetivo principal. Descentralización que, en la mayoría de los casos, no ha significado nada más que ampliar las escalas burocráticas mientras se evalúa a los docentes en su “producto”, con un ánimo persecutor, colocando a los padres de familia como patronos y quitando a maestros y maestras su estabilidad.

La base de este esquema sería un acuerdo equivalente al Consenso de Washington establecido por los neoliberales[vi], el que se repite como discurso y como práctica a través de las directrices del Banco Mundial y otras instituciones financieras (FMI, BID, AID, etc.). Al respecto, es interesante notar como en el período neoliberal, las instituciones financieras, bancos y afines, reemplaza a instancias como UNESCO en la definición de los parámetros educativos, reflejando así la total subordinación de los sistemas educativos ante propuestas de desarrollo más amplias y que, como hemos visto y sentido, solo traen dolor para los pueblos.

“El Consenso de Washington en Educación”, se presenta como el conjunto de características comunes a las reformas propuestas por los neoliberales a la educación de Latinoamérica: la crisis de calidad se la identifica como crisis de “eficiencia, eficacia y productividad”, a ella se suma una “crisis gerencial” y juntas serían la muestra de que “el Estado es incapaz de brindar calidad educativa” porque la “masificación para universalizar la educación trajo también la caída de su calidad”. La solución está entonces en la “competencia” para la que requieren de la descentralización y la privatización que lleve a la gente a “invertir en la educación de sus hijos”. Un discurso que por repetido pega, pero que por aplicado se lo puede negar como útil.

La educación vista desde el pueblo: un derecho opuesto a la propuesta neoliberal.

Cuando ubicamos los resultados del neoliberalismo, de hecho estamos haciendo una crítica a esta corriente. Pero aquí hay que tener presente que la crítica nos puede llevar a propuestas de transformación educativa, e incluso económico-social, que se queden en proponer un cambio del “modelo”. El neoliberalismo, no es un sistema social, sino que es el instrumento por el cual la clase dominante de un sistema social, el capitalismo, enfrentó su crisis general. Por tanto, combatir tan solo al neoliberalismo es permitir que la raíz de los males permanezca e irse por las ramas. La crítica al neoliberalismo, para ser profunda, no puede buscar una careta diferente para el mismo sistema económico en el que desarrollamos nuestra labor educativa, se llame esta keynesianismo, neokeynesianismo, “tercera vía” o como se quiera. No se trata de un “cambio de modelo” que solo nos llevaría a repetir el viejo sonseonete de “cambiar algo para que todo siga igual”.

A nuestro entender, empujar una crítica al neoliberalismo y su expresión en educación, debe estar ligada a una posición ideológica, política y organizativa alternativa al sistema, que no sea funcional al mismo. Por eso, para empezar, creemos que la calidad de la educación no es un tema de evaluación sobre los  resultados individuales medibles en si el estudiante accede o no a un puesto de trabajo, es o no lo que el empresario deseaba, está listo para moldearse a un mundo de injusticia o se lo considera desadaptado porque demanda justicia social. Esa es la perspectiva de los neoliberales que juzgan la eficacia educativa en función a si ésta responde o no a las necesidades del mercado.

Muy al contrario, planteamos que para los sectores democráticos y populares, la calidad de la educación debe ser entendida en cuanto ésta contribuye a una transformación social, a generar ese mundo que anhelan los pueblos, en los que la libertad y la justicia, el bienestar y el progreso, se repartan entre todos. Esta es una perspectiva histórica y social de la calidad de la educación que supera el inmediatismo e individualismo de la perspectiva neoliberal. Con ella abrimos el debate sobre el para que de la educación y tomamos una opción entre la respuesta de que ésta sirve para alimentar la empresa que requiere de esos trabajadores, o la respuesta de que la educación tiene una misión trascendente para transformar el mundo. No hace falta decir que es esta segunda respuesta la que consideramos justa.

Recordando a José Carlos Mariátegui, sabemos que “en todas las conquistas de la humanidad a los maestros les corresponde buena parte del mérito y de todas las derrotas, buena parte de la responsabilidad”. Por eso, en los “Lineamientos para transformar la Educación Ecuatoriana”, la UNE plantea[vii]:

“La Unión Nacional de Educadores sostiene que la educación ecuatoriana tiene que responder a las necesidades de desarrollo de la sociedad en su conjunto, un desarrollo concebido como un cambio sustancial que modifique las instancias sociales y políticas de nuestro país y que siente las bases para una sociedad nueva, verdaderamente democrática, participativa, con una equitativa distribución de la riqueza, donde haya trabajo para todos, en la cual los derechos a la salud, educación, vivienda, sean una realidad para los doce millones de ecuatorianos”.

En esta perspectiva, la calidad educativa dejará de tener como base los requerimientos de los empresarios y pasará a tener como base los requerimientos de la sociedad. Este es el primer y fundamental paso para hablar de una educación democrática.

Significa esto que a los pueblos, a los maestros y maestras, a padres y madres de familia, a los estudiantes, nos corresponde ir delineando ese norte, porque según sea la sociedad que nos proponemos construir, deberemos decir que educación es la que requerimos y, también, cual es el docente que esa educación demanda.

Para una educación democrática: vencer la matriz ideológica neoliberal.

El segundo paso pero simultáneo con el anterior para hablar de una educación democrática, se presenta en el campo de las ideas. Los cambios propuestos y aplicados por los neoliberales en la educación, tienen lógicamente un sustento ideológico, que los justifica. El neoliberalismo ha reemplazado la idea de igualdad de oportunidades, con el lenguaje de la eficiencia y los costos; los principios, por el pragmatismo; el derecho a la educación, con el elitismo. La educación es concebida como una empresa de producción,  como una mercancía que debe servir a un dudoso desarrollo[viii].

La educación vista como empresa de producción, destaca la productividad cuantitativa, la relación costo-egreso y la eficiencia económica. El lenguaje empleado deja ver como se deja de lado el carácter humano de la educación. Los padres, ahora son “clientes”; los niños dejaron de serlo para convertirse en “materia prima” sobre la que el maestro trabajo como “trabajador de la educación” para obtener al final “un producto” de la “empresa educativa”. Los “insumos” educativos, la “calidad total” son, entre otras expresiones, afirmaciones de un criterio sobre el que se basará su propuesta de “gerencia” educativa, “competencia”, “flexibilización laboral”, entre otras.

Retornando a las bases ideológicas, diremos que estas son el individualismo a ultranza (posmoderno dirán algunos), y el pragmatismo que propicia el renunciamiento a una actitud ética, a una defensa de una concepción de vida, y también que impide un acercamiento científico a la realidad. Esta renuncia a asumir principios de vida, de hecho significa adoptar el punto de vista impuesto para las esferas de poder, articulando muchas veces de modo inconsciente con principios y fines educativos igualmente impuestos.

Una educación democrática y alternativa, debe promover en los alumnos y en la comunidad educativa en general una perspectiva de vida solidaria, comprometida y libre de perjuicios. Por ello es que una educación que verdaderamente se oriente a socializar valores humanos, es una educación que va contra la corriente neoliberal. Y esa promoción no puede hacerse por medio de discursos y sermones, sino por la vivencia de esos valores en el interior del plantel educativo, lo que demanda que ajustemos desde el trato interpersonal, la distribución de pupitres, hasta los contenidos de las asignaturas a un propósito común y socialmente válido.

El punto de partida y donde se concretan estos valores, está en los Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño, comprendiendo que los derechos colectivos (de tercera generación) y los derechos económico sociales (de segunda generación), están por encima de los derechos individuales y aun más de la tergiversación al derecho a la propiedad que la burguesía lo presenta como derecho a la propiedad que les permite a ellos explotar y por tanto expropiar la propiedad de todos los demás.

Vivir los derechos significa, entre otras cosas, generar una participación auténtica de todos los componentes de la comunidad educativa, respetar las diversidades étnicas y raciales, luchar por la equidad de género, abrir espacio para el debate y la libre expresión de alumnos y padres, fomentar la libre organización de los integrantes de la comunidad educativa, comprometerse con los temas sociales y la protección del ambiente, desarrollar la cultura nacional, combatir el sometimiento extranjero, denunciar la injusticia y plantear las salidas a los problemas populares.

La misma educación debe ser vista como un derecho que es consustancial al ser humano y que no puede someterse a las reglas del mercado, ni tratarse como una mercancía.

En suma, una educación democrática no es posible si nuestra base filosófica, si nuestras concepciones ideológicas no rompen con las impuestas desde el poder. Y hacerlo es más fácil si se basa en lo mejor de nuestra idiosincrasia popular. En ese sentido es importante la propuesta de Pablo Miranda[ix] en torno a afirmar tres valores que potencian la identidad revolucionaria de los trabajadores y los pueblos del Ecuador. Esos valores son los de libertad, patria y solidaridad, los mismos que se expresan en la vida cotidiana y en la acción social, y son banderas que deben ser promovidas en las instituciones educativas. Nuevamente, valores significa acrecentar la corriente de cambio social y educativo en nuestro país.

Para una educación democrática: universalización y calidad educativa para todos.

Los neoliberales, como hemos dicho, plantean falsamente que la ampliación de la cobertura educativa trajo consigo la caída en la calidad de la educación. La crisis educativa no se encuentra allí, o sino bastaría preguntarse porque el mismo Banco Mundial reconoce que la educación cubana es la mejor, de lejos, de las demás en latinoamérica. Y Cuba garantiza esa educación de calidad para todos, entre otras causas porque no ha seguido las recetas del Banco Mundial y del FMI, organismos a los que ni siquiera pertenece.

La crisis educativa realmente es parte de la crisis general del sistema, de allí que se la viva también en los países capitalistas desarrollados. Por tanto tiene otras causas que las conocemos bien y condiciones agravantes que han sido acrecentadas por la aplicación del  neoliberalismo.

Lo cierto es que en el caso ecuatoriano, y podemos decir que en toda América Latina, el objetivo de la educación pública, gratuita, laica y obligatoria, nunca fue asumido realmente por el Estado. Esta fue una bandera de lucha de los sectores populares que obligaron a la ampliación de la cobertura, necesaria también para la oligarquía como complemento de los procesos de reforma agraria y así incorporar a los campesinos al mercado en los años 60 y 70.

El argumento de los neoliberales sobre lo negativo de la cobertura educativa a la que llaman “masificación”, está creado para justificar la existencia de distintos tipos de educación, según sea la “capacidad de compra” del “cliente” que solicita esa mercancía llamada servicio educativo. Para ello, intencionalmente reducen los presupuestos para la educación pública, desmerecen la labor de los maestros y plantean cambios que significan la destrucción de sus derechos, al modo de la flexibilización laboral que sufren los obreros fabriles. Así, atacan la estabilidad docentes, proponen contratos anuales, ubican a los padres de familia como patrones, buscan desarmar los sindicatos de maestros, excluyen a los maestros de la seguridad social, eliminan subsidios de antigüedad. Y todo a nombre de una mejor educación que nunca llega.

Al tratar este tema, entramos en el campo de batalla por el presupuesto educativo. Varios organismos internacionales sostienen que como mínimo, un país que desee desarrollarse habrá de entregar al menos 6% de su producto interno bruto a la educación (en el caso ecuatoriano, es una cantidad similar al mandato constitucional del 30%). Incluso el Banco Mundial reconoce que: “... Comparada con otras inversiones, el rendimiento social de la educación es el más elevado,... Cuatro años de escuela primaria pueden conducir a un aumento de la productividad agrícola del 8 al 10%...”[x] Sin embargo, los gobiernos latinoamericanos han priorizado el pago de la deuda externa, a extremos de asfixiar a la educación. La salida, entonces, es imponer a los padres de familia el pago de la educación y ello conduce incluso a regresar a épocas superas con miles de niños sin acceso a la educación. Para  tener un ejemplo, las autoridades del Ecuador reconocen cínicamente que este año 230 mil niños y niñas se retiraron este año de los planteles educativos.

Una educación democrática, no puede concebirse sino es para todos. Y no puede ser tal, sino no es de calidad para todos. Entonces, complementemos el significado de la calidad, porque desde la perspectiva de lo que ese niño, niña o adolescente deben alcanzar tras el paso por las instituciones educativas, esta: el aprender a ser, el aprender a hacer, el aprender a prender, el aprender a convivir con los demás[xi] con el compromiso de transformar la sociedad. Esto marca el tipo de metodologías a emplear, las que requieren ser:

  1. Estimuladoras de la participación de los estudiantes, ya sea participación activa, consultiva o en la toma de decisiones.

  2. Metodologías que permiten la disención.

  3. Fortalecedoras de las decisiones de los niños con los padres, con la escuela, con la comunidad.

  4. Metodologías interdisciplinarias, porque los valores y los derechos involucran factores históricos, económicos, filosóficos, políticos, etc.

  5. Metodologías “globalizadoras” porque deben adaptarse a los tres componentes de las actitudes: cognitivos, conductuales y afectivos, nunca dando más importancia al primero.

Didácticamente, puede hacerse referencia a las siguientes sugerencias o técnicas:

  • Mantener una actitud de respeto a la identidad personal y a la identidad étnica y de género.

  • Permitir la expresión libre a los alumnos, la que exige saber escuchar y respetar la opinión de los demás.

  • Recordar que el niño descubre el mundo a través de todos sus sentidos, y acepta con mayor agrado las actividades que toman como fuente de aprendizaje su propia realidad. Por otro lado, el niño aprende a través de situaciones empíricas en las que el juego es la principal.

  • Clarificación de valores en un clima de respeto y confianza.

  • Resolución de conflictos mediante la negociación.

  • Desarrollo de juegos cooperativos y de simulación.

  • Valorar el papel del ejemplo personal.

  • Análisis de conductas extraordinarias.  Lectura de biografías.

  • Análisis de mensajes transmitidos en los textos escolares y en los medios de comunicación.

  • Estudios de casos. Dilemas éticos.

  • Juego de consecuencias. Predicción de consecuencias.

  • Preparación para el trabajo grupal y el liderazgo.

  • Debates.

  • Clarificación de emociones y sentimientos.

  • Clarificación de valores: elección libre, estimación, y coherencia en la acción.

  • Ejercicios de apreciación estética.

  • Ejercicios de autoafirmación.

  • Ejercicios de reconocimiento entre hecho y opinión.

  • Ejercicios de reconocimiento de técnicas de persuasión.

  • Actividades de sensibilización entre problemas sociales.

Para una educación democrática: romper las relaciones tradicionales de poder en la escuela.

La verticalidad e inequidad en las relaciones sociales genera una ideología autoritaria, la misma que se expresa también en las instituciones educativas. El autoritarismo se forma a partir de innumerables condicionamientos:

  • En la familia, con el dominio paterno y el machismo.

  • En la iglesia, con la estructura jerárquica y la imposibilidad de discutir los dogmas.

  • En el trabajo, con la concentración de toma de decisiones y una dominación de roles.

  • En el gobierno, en la sociedad, se da igual concentración de decisiones. Aquí está también el sistema educativo y los límites legales a lo que las escuelas pueden hacer.

  • En la escuela (dicha en sentido genérico, como institución educativa), casi puede decirse que los alumnos carecen de derechos. En la escuela autoritaria se le otorga casi como única función el someterse a las decisiones de los adultos con el pretexto de que ellos saben lo que necesitan y desean los educandos. Disciplina significa: quietud, silencio, obediencia, sometimiento a la voz de la autoridad que, supuestamente sabe lo que es bueno para los niños y adolescentes. “Nuestras acciones en contraposición a nuestras palabras parecen decirle al niño: ”tus experiencias, preocupaciones, curiosidades, necesidades, lo que sabes, deseas, te preguntas, esperas, temes, te gusta o disgusta, para lo que sirves y para lo que no, todo esto no tiene la más mínima importancia, no cuenta para nada. Lo que importa aquí, lo único que importa es lo que nosotros sabemos, lo que consideramos importante, lo que queremos que hagas, pienses y seas”...”[xii]

Todo ello tiene graves consecuencias “El estudiante... se convierte así en un ser para el maestro y no para su desarrollo personal”.[xiii]

El problema de la autoridad existe para todos nosotros. El desarrollo de unas vías libres y democráticas de existencia, consiste esencialmente en renunciar a la utilización  autoritaria del poder y en proporcionar alternativas viables. Es éste un problema al que deben enfrentarse todas las instituciones o individuos dedicados a la enseñanza.

Como ya dijimos, las normas y rutinas rigurosas son uno de los alimentos del autoritarismo. En clase, una vez establecidas la rutinas que permiten al profesor controlar el espacio y el tiempo a su alrededor, el contenido o la calidad de lo que estamos haciendo dejan de tener importancia. El desarrollo democrático de las normas de convivencia en el aula, es fundamental para el cultivo de la criticidad y una disciplina consiente. De lo que se trata realmente es de trabajar la autoridad sin autoritarismo, un liderazgo democrático. Una buena costumbre que deberíamos desarrollar los educadores es preguntarnos el “por qué” de todas las reglas y conflictos que se puedan presentar en clases. Vale recordad que Paulo Freire solía decir que la disciplina es el equilibrio entre la autoridad y la libertad.

“Lo mejor  que puede hacer la escuela es ser un lugar en el que los jóvenes tengan la posibilidad de llegar a conocer, con sus fuerzas y debilidades, preparándose para modificar una sociedad que tiene tan pocos sentido. La clase no sólo separa a los jóvenes de la sociedad. Los segrega también entre sí ”[xiv].

Todo esto revela que en la escuela se viven varias paradojas:

  • Es una institución que tiene el deber de educar (hacer crítico al individuo) y a la vez socializar (transmitir las pautas de comportamiento culturales).

  • Es una institución cargada de imposiciones, pero que pretende educar para la participación.

  • Es una institución jerárquica que pretende educar para la democracia.

  • La participación en la democracia requiere de fuertes cambios para que efectivamente ésta pueda vivirse y lograrse sus niveles superiores, pero la escuela persiste en la tradición.

En la escuela, la finalidad de la participación no es solo organizativa sino educativa, porque la tarea de participar es, en sí misma, enriquecedora. La participación desarrolla la responsabilidad y la capacidad de dialogar, de planificar, de aprender y de trabajar en grupo. La participación es un elemento fundamental de la verdadera democracia. No hablemos de esa “participación” que se desarrolla en la mal llamada autogestión educativa, en la que al padre de familia se le impone participar (así de contradictorio) y se lo hace para descargar en ellos la responsabilidad del financiamiento educativo. Nos referimos a una participación plena, en condiciones de iguales, en los procesos de toma de decisiones, para juntos, padres, alumnos y maestros enfrentar las acciones sociales.

El rol del maestro cambia así hacia el de un líder comunitario, retomando el ejemplo de los maestros revolucionarios de Latinoamérica, como Simón Rodríguez, Aníbal Ponce, Paulo Freire y tantos otros.

Para una educación democrática: defender los derechos y la organización independiente del magisterio.

No puede haber democracia si se la niega a los docentes. Los ataques a la organización del magisterio por los gobiernos o los grupos de poder, los intentos de destruir a las organizaciones de maestros que se comprometen con la necesaria transformación social, los hemos vivido permanentemente y hoy asumen forma de “flexibilización laboral” e incluso de un falso “pluralismo” tras el que se esconden las garras neoliberales. Los maestros y las maestras saben que sus conquistas han sido logradas cuando han contado con la unidad suficiente para enfrentar luchas directas contra el poder, cuando han contado con organizaciones sólidas y con direcciones consecuentes. Esto es válido para toda América, de modo que el propósito de destruir a los sindicatos o controlarlos desde los gobiernos neoliberales, va ligado al objetivo de anular los derechos docentes. En el caso ecuatoriano, al menos desde 1970 no existe ni una sola elevación salarial sin que la UNE haya declarado previamente un paro de actividades, lo que nos ha convencido que “la lucha es el camino”, como lo decimos con vigor en nuestros combates.

Sabemos bien que lo alcanzado es insuficiente para garantizar condiciones adecuadas y dignas de trabajo para los docentes y de estudio para los alumnos, de modo que defender las conquistas alcanzadas es parte de una lucha que se complementa con la determinación de lograr nuevas victorias. Para ellas se precisa de una más directa presencia política del magisterio en conjunto con los demás sectores populares. Somos parte de la construcción de una nueva sociedad y ello no es factible hacerlo encerrados en las cuatro paredes de aula escolar.

Ante esta realidad, desde el lado de los neoliberales se presentan otras opciones, que por supuesto siempre niegan su raíz neoliberal. De allí que plantean darle un “rostro humano” al modelo, aplicar un “neoestructuralismo” en la economía, realizar los paquetes macroeconómicos con “preocupación” social, etc. Todas ella suponen que la actitud humana es un hecho dado por sólo ganar la voluntad de quienes gobiernan, encubriendo que esa voluntad se sustenta en una posición social e ideológica. Tanto merito dan a esa voluntad, que aunque suspendan su acusación al magisterio como responsable de la crisis educativa, le acusan de no saber “vender” la idea de que la educación es prioritaria, de no encontrar mecanismos “creativos” (lo que significa alejados del camino de lucha) para financiar la educación, o más acusaciones que terminan en lo mismo: el modelo es inocente, los culpables somos sus víctimas.

La recuperación de la organización docente y de su presencia social, enmarca las posibilidades de una acción conjunta a escala internacional cada vez mayor, necesidad planteada para enfrentar al neoliberalismo o a la “tercer vía” que desde las mismas raíces de origen se presenta hoy como alternativa.

Sin duda en este planteo faltan otros aspectos sobre la lucha contra el neoliberalismo en educación .

Vamos, sin embargo, definiendo alternativas que no sean funcionales al sistema, sino que lo alteren, que lo mellen. Una educación democrática, popular, alternativa, no sólo debe ser lo contrario a la que es impulsada desde el poder, sino también superior.

La construcción de esa educación, es tarea de la comunidad educativa, construyendo nuevas relaciones  entre docentes, padres de familia y estudiantes. Este es el camino que debemos transitar y la Red SEPA tiene un importante papel para ello, por eso la UNE valora su trabajo y anhela su fortalecimiento.



[i] Texto basado en la ponencia presentada por el autor en representación de la Unión Nacional de Educadores (UNE) ante la Conferencia IDEA (Iniciativas Democráticas para la Educación en las Américas), realizada en Quito en septiembre de 1999 por la Red Social para la Educación Pública en las Américas - RED SEPA.

[ii] BORON, Atilio A. , 1999. Réquiem para el neoliberalismo. Ponencia presentada al Encuentro “Globalización y Problemas del Desarrollo, La Habana, Cuba.

[iii] www.incommon.web.net Junio 2001. Putting poverty on the tarde agenda.

[iv] Idem.

[v] ISCH, Edgar, 1998. La globalización y los retos para el sindicalismo docente. Ponencia ante el XVI Congreso de la Confederación de Educadores de América (CEA). Abril, 1998, Quito.

[vi] GENTILI, Pablo, 1998. “El Consenso de Washington: la crisis de la educación en América Latina” en revista Horizonte Sindical, número 10-11, IEESA, octubre 1998, México.

[vii] UNE, 1998. Lineamientos para transformar la educación ecuatoriana. Cuadernos del Educador número 11.

[viii] ISCH, Edgar, 1992. ¿Eficiencia versus derecho a la educación?.  Revista “Tiempo de Educar” número 7. Cenaise, Quito.

[ix] MIRANDA, Pablo, 2001. “Propuesta para el debate por el cambio”. Suplemento del periódico En Marcha, órgano central del PCMLE, número 1.104 de julio de 2001.

[x] BANCO MUNDIAL, Informe de la división de educación. En: CMOPE, línea sindical y educativa Nro. 4, julio de 1990. Resumen de Marc-Alain Berberat.

[xi] UNESCO,1996. La educación encierra un tesoro, infporme de la omisión elors sobre la educación para el siglo XXI. Santillana - UNESCO.

[xii] HOLT, John, 1997. El fracaso de la escuela. España, pág. 24.

[xiii] GUTIERREZ, Francisco.1985. Educación como praxis política. Siglo XXI editores, México.

[xiv] Kohl, Herbert R. Autoritarismo y libertad de enseñanza. Editorial Ariel, España, 1974.